Mi agua es una de las mejores”: Luis Álvarez, propietario de “Rigel”
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Aunque la investigación del Centro para la Defensa del Consumidor (CDC) sobre el agua envasada no se refiere a la calidad del líquido; “Agua Rigel” , una de las empresas envasadoras, salió al paso para disipar cualquier duda.
Ayer, “Rigel” abrió las puertas de sus instalaciones a Diario Co Latino, para que constatáramos de primera mano el riguroso proceso que pasa el agua en su camino de purificación hasta llegar a las manos de los consumidores, principalmente a los de La Paz, donde está instalada la empresa.
De entrada, el propietario de Rigel quiso cerrar de tajo el cuestionamiento que les hizo el CDC que no citaban en su producto el origen del agua y para ello nos llevó a un pozo de 80 metros de profundidad cubierto con una “carcasa” de acero inoxidable.
Desde allí el vital líquido corre, a través de cañerías de acero inoxidable, un aproximado de 20 metros, hasta depositarse en un tanque calificado con estandar de calidad.
Del tanque, para llegar a su destino final, el agua pasa por un proceso de absorción, uno de arena y otro de carbón, este último para eliminar los olores y sabores desagradables y posteriormente es sometida a un tratamiento de suavizado para reducir los niveles de dureza del agua.
Purificación
Cuando el agua ya tiene el nivel de suavizado requerido, pasa por una máquina especial que sirve para eliminar las bacterias y cuerpo extraños hasta llegar a dos tanques: uno sirve de depósito al agua para envasar y el otro para lavar los garrafones.
El agua que servirá para el consumo humano es sometida a un proceso microbiológico a través de un sistema de luz ultravioleta que elimina bacterias, hongos y levaduras; y luego pasa por un filtro “micra” para eliminar cualquier partícula que haya escapado.
El proceso culmina con el remineralizado, que consiste en ponerle al agua, magnesio, potasio y calcio, finalmente pasa a una máquina que tiene dos funciones, enjuaga los envases, llena y coloca los tapones.
“Antes de meter las garrafas a la máquina que las lava con agua purificada, a 50 grados de temperatura, nosotros les damos un pre-lavado”, afirma Irene Cea, jefe de producción, luego de explicar todo el proceso que lleva la purificación del agua.
“Yo soy un maniático de la limpieza… lavamos el garrafón a conciencia”, dice el español José Luis Álvarez, Gerente General y dueño de Rigel.
Álvarez está convencido que su agua es de calidad y que cumple con todas la normas al pie de la letra.
«El que envase sin una mínima norma de sanidad ese es su problema, yo voy a respetar y respeto el medioambiente y las normas de sanidad que me implante el gobierno salvadoreño y las voy a respetar siempre», asegura. «Mi agua es una de las mejores», añade.
Envase de calidad
Rodríguez también se da el taco de utilizar garrafones de la mejor calidad en el mercado.
“Hay quienes usan el Pet, pero yo no soy partidario de utilizar el Pet en el garrafón; uso el policarbonato por limpieza, por higiene y porque es más resistente, no se raya y puede utilizarse de siete a diez veces”, expresa Rodríguez.
El entrevistado aunque no explicó las causas, sostiene que no embolsa ni embolsará agua. «Yo no embolso agua ni voy a embolsar en la vida, yo soy español y en mi país no hay agua en bolsa”, manifiesta.
Rodríguez también afirma que su empresa no envasará agua de chorro jamás.
“Mi empresa no va a envasar agua del chorro jamás en la vida y si se me secan mis pozos, tengo agua para 30 años garantiza, yo cierro mi empresa”, reitera.
Además de proveer agua al mercado salvadoreño Rigel se prepara para abastecer de agua envasada a Costa Rica y posiblemente República Dominicana.























